Flasheando con Markitox: Parte 1

Cerrás los ojos. Los abrís otra vez. Ya nada es igual. Los pensamientos filosóficos cobran vida cobran vida en su máxima expresión, pero cuando lo creemos saber todo, otra idea surge y esta, a pesar de no ser irrelevante, es quizás menos interesante que la anterior, cosa que en realidad no sabemos porque esta segunda idea provoca la extracción inmediata del “todo saber” de nuestras mentes. Pero es en ese entonces cuando te empezás a distanciar de ideas concretas y te ponés a pensar por qué era que estabas tan seguro de que una idea era más importante que la otra, a pesar de estar estas vagando ya en algun lugar de tu subconciente. ¿De dónde proviene la escala que expresa el nivel de importancia de cada cosa? ¿Por qué?…

Cerrás los ojos. Los abrís otra vez. Todo se desvanece dándole lugar a las notas de la criolla que provocan una armonía inexplicable en tu ser. No pensás en nada. ¿Es posible? Quizás la paradoja del dicho “no estoy pensando en nada” te desconcierta y empezás a filosofar con eso. Quizás no, quizás te es indiferente y omitís una pregunta que te podría llegar a generar cientas de nuevas preguntas y cientas de nuevas respuestas, que darían lugar a más preguntas y así hasta cerrar los ojos nuevamente. Intentás hacerle saber al resto lo que acabás de descubrir. Perdiste. Si no te tildan de drogadicto, te cuestionan la idea y tu incapacidad de memoria y expresión hacen que una idea brillante pase a ser una “flasheada de drogadicto” de un segundo a otro, cosa que quizás sea. Nunca lo podríamos saber, ya que no podemos ser objetivos al respecto.

Cerrás los ojos. Los abrís otra vez. El proceso de preguntas y respuestas, o simplemente ideas se repite, o no, por horas, o segundos, según tu percepción del tiempo. Eventualmente, el saber desaparece, eso seguro. No entendés como puede ser que pasás de estar preocupado por todo, de cuestionar todo y analizar el “todo” como algo concreto mediante las miles de ideas brillantes que vacacionaron brevemente en tu cabeza, a no preocuparte por nada (sin siquiera analizar la “nada” esta vez, por supuesto). Lo único que te preocupa es que la criolla deje de sonar y querés estas así, tranquilo, con amigos, para siempre.

Cerrás los ojos. Los abrís otra vez. Todo está terminando. ¿Todo? ¿Qué es todo? Te das cuenta que nada terminó. ¿Nada? Uh, que bajón. No podés ceer que vuelvas a retroceder a la primera fase. Querés esa tranquilidad que conseguiste hace segundos, u horas, otra vez. Querés despreocuparte de todo. Es cuestión de esperar. Te acabas de dar cuenta que es incorrecto imaginarte las estapas como una escalera, es decir paso por paso, sino que es mas bien un círculo, interminable quizás, que discrimina cualquier ley lógica, física y matemática. Otra idea se posa en tus pensamientos pero de repente te das cuenta: En realidad, nunca abriste los ojos.

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